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La industria minera peruana, motor clave de la economía nacional, enfrenta hoy un reto que va más allá de la producción y la innovación tecnológica: integrar plenamente la Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en su estrategia corporativa.
Un reciente estudio del Termómetro DEI, desarrollado por Talana, revela que en el país solo el 35,2% de las empresas cuenta con estas políticas consolidadas, mientras que un 28,7% se encuentra en proceso de implementarlas y un 25,9% carece de ellas.
En minería, un sector históricamente dominado por hombres y con operaciones en territorios culturalmente diversos, estas cifras reflejan una oportunidad estratégica. Incorporar la diversidad no es únicamente una demanda ética, sino un factor de competitividad. De acuerdo con el informe, las empresas con alta diversidad de género pueden ser hasta un 25% más rentables y aquellas con diversidad étnica alcanzan un 36% más de éxito financiero.
“En minería, la diversidad no es un accesorio, es un motor de innovación y sostenibilidad. Si queremos seguir siendo competitivos, debemos integrar plenamente las distintas miradas, experiencias y culturas que forman parte de nuestro país”, señaló Daniel Abusabal, country manager de Talana.
El estudio también alerta sobre la falta de capacitación regular en el que más de la mitad de las empresas encuestadas no ofrece formación continua en DEI. Esto es particularmente relevante para la minería, donde la integración de equipos multidisciplinarios y multiculturales requiere herramientas para gestionar el respeto, la equidad salarial y la prevención de sesgos.
“Sin una formación constante, las políticas corren el riesgo de quedarse en el papel. La verdadera inclusión se construye día a día, en la operación, en el campamento y en la oficina”, agregó Abusabal.
Las principales barreras identificadas para avanzar en este campo son la falta de recursos (51,9%), la escasa prioridad estratégica (38,9%) y las resistencias culturales (28,7%). Asimismo, el involucramiento de la alta dirección sigue siendo limitado: solo un 24,1% de las jefaturas participa de manera activa y visible en las iniciativas de inclusión.
Para el sector minero, superar estas brechas implica un compromiso directo desde la alta dirección y la incorporación de la DEI como parte estructural del negocio. Esto incluye abrir más espacios para mujeres en operaciones y liderazgo técnico, garantizar igualdad de oportunidades para trabajadores de comunidades andinas, amazónicas y migrantes, y fortalecer canales de denuncia que generen confianza y protección efectiva frente a actos discriminatorios.
“La minería peruana tiene la oportunidad de liderar no solo en producción, sino en gestión humana. Apostar por la DEI es apostar por un sector más innovador, con mejor clima laboral y mayor legitimidad social en las comunidades donde operamos”, concluyó Abusabal. En un país caracterizado por su riqueza cultural y étnica, el futuro de la minería dependerá también de su capacidad para reflejar esa diversidad en sus equipos. La inclusión no es un gasto: es una inversión estratégica para garantizar que el sector siga siendo competitivo, sostenible y socialmente responsable en las próximas décadas.