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La contracción de la inversión en hidrocarburos en el Perú no solo refleja un ciclo adverso para la exploración y producción, sino que empieza a comprometer la sostenibilidad de activos estratégicos de la cadena energética, entre ellos la Refinería de Talara, en un contexto de declive productivo y reducción de reservas.
Según el último reporte de Perupetro, la inversión en el sector alcanzó US$ 311.7 millones a agosto de 2025, por debajo de los US$ 337.6 millones registrados en el mismo periodo de 2004, lo que representa una caída de 7.64%. Esta tendencia se da mientras la producción petrolera continúa lejos de los niveles de hace cinco años y las reservas de gas natural siguen disminuyendo.
Menor inversión y reservas en descenso estrechan el margen energético
A la baja inversión se suma un escenario de agotamiento progresivo del gas natural. Sin una renegociación para extender los contratos de explotación de Camisea, el país contaría con reservas solo para los próximos 15 años, hasta el vencimiento de los contratos en 2040. Este horizonte limitado reduce la capacidad de planificar nuevas inversiones de largo plazo, tanto en exploración como en infraestructura asociada.
En este marco, el sector hidrocarburos enfrenta una coyuntura compleja en pleno año electoral, con señales que, según los líderes empresariales, continúan afectando la confianza del inversionista.
Un paquete de US$ 5,300 millones que sigue sin destrabarse
El presidente de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), Felipe Cantuarias, advirtió que resulta prioritario que el gobierno de transición impulse una política clara de inversiones en hidrocarburos y destrabe el paquete de reactivación trabajado por el sector privado, que contempla US$ 5,300 millones en proyectos.
Este paquete incluye US$ 600 millones para la expansión de la concesión de Cálidda a siete regiones del centro sur, US$ 2,000 millones para el desarrollo de plantas petroquímicas, US$ 1,900 millones para el gasoducto de la costa sur propuesto por TGP, y US$ 800 millones para extender un ducto desde Camisea hasta Quillabamba, en Cusco.
Cantuarias señaló que la falta de aprobación de la adenda de Cálidda, prevista para entrar en vigencia en enero de 2026, constituye una señal negativa para el mercado.
Talara necesita inversión en un entorno de menor producción
Aunque la Refinería de Talara no forma parte directa de este paquete, su operación y viabilidad están estrechamente ligadas al desempeño general del sector. Con una producción nacional en declive y lotes paralizados o con problemas de continuidad, la refinería enfrenta mayores desafíos para asegurar abastecimiento competitivo y justificar nuevas inversiones.
En este escenario, especialistas coinciden en que sin un entorno favorable a la inversión, activos como Talara corren el riesgo de operar por debajo de su potencial o requerir mayores apoyos financieros del Estado.
Falta de hoja de ruta y señales que desalientan al inversionista
Para Martín Mejía, CEO de Cálidda, la caída sostenida de la inversión responde principalmente a la ausencia de una hoja de ruta de largo plazo, acompañada de reglas claras y estables. A ello se suma la alta rotación de autoridades en el Ministerio de Energía y Minas, factor que afecta la predictibilidad regulatoria.
Una visión similar expresó Pedro Martínez, expresidente de la SNMPE, quien calificó la situación del sector como crítica. Recordó que el consumo de combustibles bordea los 300 mil barriles diarios, mientras la producción cae y la balanza comercial de hidrocarburos registra un déficit cercano a US$ 4,600 millones anuales.
Infraestructura energética bajo presión
Martínez subrayó además la necesidad urgente de invertir en infraestructura de almacenamiento y transporte. El país cuenta con un promedio de apenas tres días de almacenamiento de GLP, situación que incrementa la vulnerabilidad ante mantenimientos o interrupciones operativas.
“La falta de inversión y de decisiones regulatorias oportunas está generando un cuello de botella que afecta a toda la cadena energética”, advirtió.